A veces es bueno mirar hacia atrás, saber de donde venimos y dilucidar, si es posible, hacia donde vamos. Sin embargo, no me refiero a la investigación histórica de un pasado cuyo único valor es netamente representativo, sino que a una mirada más cercana, más realista, más confiable… En palabras menos piñerísticas, a la mierda con los egipcios, quiero saber donde me encontraba mentalmente hace un año. Por eso visité mi olvidado blog, con fin de leer las sandeces que escribí en aquel entonces y, con algo de suerte, hallarles sentido o por último enfrascarme en la viscosidad de la nostalgia. A segundos de comenzar mi lectura, la siguiente pregunta surge casi automáticamente ¿Bajo que influjo egocentrista me encontraba cuando pensé que toda esta mierda era buena?¿Con qué derecho me atrevo, incluso ahora, a ensuciar una hoja virtual con mis desabridos píxeles? Y es algo que sucede con frecuencia. Cuando pillo papeles añejos manchados de tinta o algún documento oculto en reconditas carpetas, lo único que consigo es asquearme un tanto más y mitigar mis ansias de escribir. Pero sigo haciéndolo, porque hijos bastardos de la literatura habemos en todas partes, de seguro debe haber gente peor digo yo, y ciertamente, porque nadie me lo impide.
Es increíble cuan selectiva es la memoria para desechar cosas y atesorar otras… podríamos decir que en el fondo vivimos una mentira que crece exponencialmente con cada micro-nano-pico-segundo que los sentidos y el mecanismo cerebral transformarán eventualmente en recuerdos. Y pese a que, esta imagen de mi de hace un año atrás es solamente parcial, u otra contribución a la mentira original, en términos más sabrosos, sería estúpido de mi parte esperar encontrar sabiduría donde nunca la hubo.
Volviendo al fenómeno de la escritura, creo que, afortunadamente, sólo se remite a la escritura. A veces cuando viajo a mi hogar contemplo los dibujos que tan obsesiva y desinteresadamente salieron de mi lápiz cuando la vida aun era buena. Y me agobia una pena inmensa al darme cuenta que ya no manejo aquél nivel, que mis dedos son torpes, que mis ojos me engañan y que ya no puedo definir mentalmente las imágenes que antes veía con tanta claridad. Pero es reconfortante saber que fui bueno y mirar hacia atrás con cierta envidia, y a la vez embriagado de tranquilidad, al rememorar la pureza de mis lineas. En cuanto a la música, es divertido visitar aquellos sonidos que tiempo atrás fueran grandes obras y ahora suenan como un cuarteto de gatos con tiña. Pero comprendo que en materias de composición el progreso se consigue tras sostenidos esfuerzos, y afortunadamente algo he progresado. No me avergüenzo de mis primeros intentos de bombasticidad épica, ni de mi afán por sonar innovador ni de mi actual estilo pastoral. Creo que toda nota pensada, tocada y escrita es un granito de arena en la construcción personal de lo que… de una hueá muy chora que carece de nombre por ser algo tan íntimo.
Y recaigo, amigos míos, en el vicio de la escritura barata, del adjetivo de confeti y del tópico de pacotilla. Al menos, creo, ya no sueno tan pretenciosamente eurocentrista y he abierto las puertas a mis raíces latinas. Y no hueón, no pretendo sonar como esos vendidos de The Clinic… está buena la piscola libre junto al pueblo a tres lucas y media.
Finalmente, si a alguien le interesa ¡HE VUELTO!