La ciudadela reverbera frente a miles de voces, ahora enmudecidas:
¿En qué nos hemos transformado? ¿Qué hemos elegido ser?
En este instante, toda la historia es reducida a las sílabas de nuestro nombre –
nada puede volver a ser lo mismo ahora que los inmortales están aquí.
En aquél entonces, parecía un curso de acción razonable
enjaezar toda la fuerza de la vida sin la amenaza de la muerte,
pero pronto nos dimos cuenta que el aburrimiento y la inercia no son negativas,
sino la única ley que conocemos
y muertos están William y palabras como “sobrevivencia”.
Llegar a la inmunidad a toda edad, a todo temor y todo final…
¿Por qué lo pretendo? Nuestra esencia está destilada
y todo recuerdo familiar es succionado
y aunque la pureza se mantiene nos deja estériles,
viviendo a lo largo de eones,
una risa tan pronta como una lágrima…
Vivir, si proclamas que todo lo que implica
está respirando, alimentándose, defecando, reproduciéndose,
bebiendo, vomitando, durmiendo, hundiéndose cada vez más
y finalmente abstrayéndose del tiempo
que ya no tiene significado alguno.
Llévate la amenaza de la muerte
y todo lo que te queda es una ronda de creencias
ordena cada uno de tus malhumorados alientos
y aunque estés infinitamente aburrido por un éxtasis sin fin
ese sigue siendo el anillo por el cual esperas algún día estar comprometido
para casarte con la mujer que te dará la eternidad –
eso es descabellado, y clara y simplemente
no es suficiente.
¿Cuál es el más opaco y romo de los dolores,
tal que mis ojos nunca se cierran sin sentirlo ahí?
¿Qué miserable desesperación demanda un final para los menesteres de la eternidad?
Si nos hemos enriquecido ¿Cómo abordaremos el costo?
¿Qué hemos regateado y qué hemos perdido?
¿A qué hemos renunciado sin saber que estuvo siempre ahí?
¿Qué oportunidad de aferrarnos a la línea,
desafiando a la muerte y el tiempo nos queda
cuando todo lo que tuvimos una vez ya no está?
Todo por lo que trabajamos y favorecimos
más que las cosas terrenales
revelan el anillo vacío de la esperanzas falsas
y de una falsa liberación.
Mas, el lecho nupcial está hecho,
la dote ha sido pagada;
la desdentada, desgastada cara de la eternidad
me da la bienvenida entre las sábanas
para copular con su cuerpo marchito – mi esposa.
Suyo para siempre,
suyo para siempre,
suyo para siempre
en una naturaleza muerta.